MANUEL
TERRÍN BENAVIDES
"Al caer la tarde"
Parece
que esta tarde, Señor, tristes
y
extraños caminamos, que refleja
destellos
de invasión toda renuncia.
Hacia
cero la vida se pronuncia
cuando de
niebla vistes
ese
inmenso sendero que aleja.
Toda la
tierra, amarga,
paladea
el misterio de tu nombre.
El río es
una larga
manera de
llorar, profunda queja.
Hoy se
que estamos solos. Los pastores
ocultan
arrebato de majadas
cuando
declina el sol. Difuminadas
crestas,
mudos alcores
-seminotas
mayores
de
rapsodia incompleta –
ya
resumen cansancio de meseta.
Padre,
tal vez mañana
allá por
el hondón venga lloviendo
y el
arroyo repela
mi
torpeza temprana;
acaso el
arco iris fuese estela
de todo
lo que ayer se fue perdiendo
dentro de
mí. ¿Qué esconde
tan honda
oscuridad? ¿Una descarga
de mi
dolor inmenso?¿El punto donde
nace la
pasarela
que va
desde la muerte al infinito?
Dime que
este paisaje que contemplo
no
respira hacia abajo niebla amarga.
Ya se
apagan los cirios de tu templo
sin
muros, ya se alarga
la sombra
- negro júbilo – con grito
pasionario. ¡qué modo
de estar
aislados sobre el mismo puente!
Tú,
claridad; las hotas, inminente
plataforma de lodo,
diluvio
donde el hombre lo pierde casi todo.
Cuando
venga la noche, sumergido
me
quedaré en el fondo de la duda.
Y
mientras todo muda
- aquí
donde se apaga hasta el sonido
cansado
de mi aliento –
iré a
buscarle tu mensaje al viento
con el
alma desnuda.