Valdemoro (Madrid)

ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS ESPACIOS VACÍOS

Remedios Nieto Lorca


 

SOBRE LAS BARDAS ÚLTIMAS DEL PÁRAMO

  

No digas que lo esperabas,

que la madrugada aún estaba lejos,

que las alas gemelas del miedo y la esperanza

harían un movimiento ágil y esquivo

que burlara el pensamiento

de que tu frente caería

sin una palabra o queja.

 

Y te vas así, sin voz,

bajo el frío rielar de estrellas,

por el sendero, ido también,

desmirando el paisaje,

este paisaje que se nos presenta adusto,

sin norte, como un papel arrugado

y en violento claroscuro,

dejando en cada olivo, en cada almendro,

en cada aulaga,

pequeños jirones de húmedos helechos

y enhebrada  ausencia.

 

Te vas,

y me dejas en el aire nocturno,

con el dolor de saber que te tuve en mí,

como tuve tu calor último, tu sombra

en forma ya de perla.

 

Y me pregunto, sin respuesta,

ni tan siquiera una leve resonancia,

por qué tus ojos claros, ausentes ya,

no pude evocarlos en claridad

de un mediodía,

ni hubo bronces que tañer pudieran,

ni pulso que vibrara,

ni un gesto... ni un solo gesto

de asombro.

 

Sólo un puñado de deseos,

un sabor acibarado,

un silencio que arañaba...

Sólo el pábilo encendido de la pena,

y lágrimas... lágrimas

para tu regreso.

 

Pero se hizo eterno el abrazo;

tu abrazo entregado, hilado

a la ilusión de un nuevo encuentro.

 

Y se marcharon las horas,

y no hay quietud en esta soledad larga

y oscura.

 

Mas sé que estás ahí;

con tu corazón alfombrado de musgo;

en la eternidad de las cosas;

con sólo unas décimas de larga distancia,

y un remiendo de luz

en este silencio tuyo,

sobre las bardas últimas del páramo,

y que emerge azul y tibio

de la honda voz de la tierra.  

 


 

COMO EMERGE ESTE DOLOR

 

 Este dolor de ave de aprisionado vuelo

que llevo en la mirada y en mis labios sin nadie,"

                         ( Rafael Morales )

 

 Cómo empapa este dolor cuando aflora

la sangre, y moja hierba y piedra viva,

y siembra noche, gris a la deriva,

extraña luz en brazos de la aurora.

 

Cómo emerge de esta mi alma ahora,

temblorosa, voraz, casi furtiva,

la hiriente voz, en su clamor cautiva,

y en este lar que la ansiedad implora.

 

¡Por qué te alzaste al infinito vuelo,

al lento ocaso de ancestral espuma,

al quieto instante del azul del cielo!.

 

¡Por qué te llama Dios, y con develo,

niega la luz el sol, el mar la bruma,

y arranca de mi pecho el desconsuelo!.

 


 

INAGOTABLE LUZ

 

Tibia ya la luz  por mi ventana,

como el amanecer,

vuelves a renacer inagotable,

entre los rayos de tu anegada

claridad.

 

Te encuentro fugaz, casi furtivo

en el vientre azul del universo.

 

Duele el gorjeo de las aves

en su vuelo irregular sobre la higuera,

como duele la lengua prensil del musgo,

que separa mi mano de tu cuerpo

irremediablemente ausente.

 

La memoria, mi memoria,

inventa cada día tu mirada,

tu sonrisa,

tu palabra delgada y suave,

como suave mariposa.

 

Y en esos fragmentos que aún quedan

en la oscura raíz del sueño,

busco mi llanto

que se rompe y se disuelve

en las alas frías del aire.

 


 

ABRIL EN LA TARDE

 

Se sustentan las horas

de solaz melancolía.

 

Abismo entre tu voz

y mis labios.

 

Van desovillando el silencio

los peldaños de la sangre,

dibujando un tragaluz

por donde dejar salir las palabras

hacia ti sublimadas. Sutiles palabras,

invictas, izadas en el mástil

siempre tuyo del silencio. Silencio

abacial, casi místico,

donde los rumores se acallan,

y las hojas lloran

con serena mansedumbre.

 

Pasa la tarde doliente y lábil.

 

Tañe a lo lejos la campana

invitando al Sagrado Ágape,

al rito solemne del Pan Ácimo

y de la Vid, que estalla

en llanto de racimo.

Y resbala la tarde en  mis pupilas,

y rompen alas de sombras emboscadas

las espadas del ciprés,

y reducen mis pasos sobre el frío

que implora tu nombre

a las cenizas.

Pasa la tarde doliente y lábil.

Derrama pentagramas

de oscuras sinfonías.

 

Y yo, que busco arenas anónimas

donde poder enjugar esta invisible

marea, recojo temblorosamente

tu recuerdo, y tu aliento

entregado y último.

 


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Última modificación de esta página: viernes, 24 marzo 2006

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